lunes, 28 de febrero de 2011

Altamira: ¿cerrar o arriesgarse a perderla?



"¡Mira, mira, papá, bisontes en el techo!", exclamó la hija del botánico Marcelino Sáenz de Sautuola cuando en 1879 descubriera las pinturas durante un paseo por la cueva. Nadie imaginaba el tesoro que conservan sus muros: los ciclos pictóricos más importantes de la prehistoria.
Hasta ese momento, la cueva de Altamira (Santillana del Mar, España) había permanecido clausurada más de 13.000 años por el desplome de la entrada. A partir del descubrimiento, se empezaron a alterar las condiciones ambientales que habían permitido mantener intactos los pigmentos durante milenios.
Desde entonces su historia es un tira y afloja entre el afán de conservarla a ultranza y el deseo de exhibirla.
La última vez que estuvo abierta por dos décadas al público, pero en 2002 se detectaron una serie de microorganismos que estaban deteriorando sus pinturas y Altamira cerró definitivamente sus puertas.

¿Futura reapertura?
Las joyas de Altamira
1.Sala de polícromos: Es la pieza fundamental de Altamira. Una gran colección de pinturas que dan vida a las más de 170 figuras de bisontes con los que cuenta la Capilla Sixtina del arte rupestre. El techo mide 18 metros de largo por 9 de ancho.
2.Cola de Caballo: Considerado como el segundo rincón más importante de Altamira. Está decorada con símbolos y máscaras talladas en los salientes de la roca que asemejan rostros humanos.
3.Sala de la Hoya: Entre diferentes imágenes de cabras y ciervos destaca la figura de un bisonte dibujada con carbón vegetal. La imagen fue realizada con el canto de una piedra de un solo trazo y con un conocimiento de la técnica que a día de hoy aún sigue impresionando al observador más experto.
Hace unos meses, sin embargo, se vislumbró una vía hacia una nueva reapertura.
Pablo Arias, catedrático de prehistoria y ex director del Instituto de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria, no cree que se pueda rechazar de pleno la posibilidad de algún tipo de visita reducida como ya se hiciera en el pasado.
"Es evidente que la mayor garantía para su conservación es tenerla cerrada pero lo mejor sería establecer un umbral de visitas que no altere el estado de las pinturas", le dijo Arias a BBC Mundo.
No obstante, Juan José Damborenea , vicepresidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), desaconseja vivamente la entrada de visitantes.
"Nuestro último estudio realizado en el interior de la cueva llegó a la conclusión de que hay mucha contaminación bacteriana que, en un periodo de tiempo relativamente corto, podría provocar la pérdida total de las pinturas", sentenció.
"Los resultados científicos revelaron que en cuanto entra gente en la cueva, el número de colonias microbianas que actúan sobre las paredes aumenta, debido al anhídrico carbónico que genera la respiración, el calor que produce el movimiento y los cambios de humedad", le explicó Damborenea a BBC Mundo.
"De momento, lo que proponemos es que se mantenga la política restrictiva de visitas mientras se investiga qué métodos podrían solucionar este problema", señaló el vicepresidente del CSIC.
Hasta entonces se puede disfrutar del Museo de Altamira (inaugurado en el 2001) que presenta una réplica exacta de la cueva y sus pinturas.
Un hito para la humanidad
Altamira, considerada el despertar de la sensibilidad artística del ser humano, supone un hito cultural en la historia de la humanidad. Sus pinturas de 16.000 años de antigüedad evidencian que el hombre prehistórico era capaz de expresarse artísiticamente a un nivel avanzado.
La cueva de Altamira fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1985.
"El pensamiento simbólico es una habilidad mental compleja que el resto de los homínidos no tienen", afirma Arias.
"Es indudable la importancia que Altamira ha tenido en la investigación, no sólo de la prehistoria, sino de la propia concepción de lo que es el ser humano", añade.
Tanto la frescura como la espectacular conservación de las pinturas y, sobre todo, la idea que se tenía de los hombres prehistóricos cuando se descubrió la cueva, hicieron dudar a la comunidad científica internacional sobre su autenticidad, que no fue reconocida hasta el descubrimiento de grabados similares en algunas cuevas del sur de Francia en 1895.
Un siglo después, en 1985, Altamira fue declarada Patrimonio de la Humanidad.
La Cueva, con 270 metros de longitud, presenta una estructura sencilla, formada por una galería con escasas ramificaciones y tres zonas principales.
Pero, ¿qué maravillas alberga la Cueva?
Bisontes, caballos, ciervos, manos y misteriosos signos, pintados y grabados, son la expresión de los habitantes de la cueva durante el Paleolítico Superior.
Tras Altamira...
Tras una visita a la cueva, Pablo Picasso declaró: "Después de Altamira todo parece decadente".
Las pinturas más famosas
El bisonte encogido es la pintura más admirada de todo el conjunto y se considera la manifestación más espectacular del arte paleolítico.
La gran cierva es la mayor figura pintada en la cueva, con 2,25 metros de longitud.
El caballo ocre, considerada una de las pinturas más antiguas del techo, representa un tipo de póney frecuente durante el Paleolítico en la cornisa cantábrica.
Y es que sus autores, ya en el Paleolítico, fueron capaces de dar solución a algunos problemas técnicos de la representación plástica como el realismo anatómico, el volumen, el movimiento y la policromía.
Para ello aprovecharon los abultamientos naturales de la roca, la viveza de los colores que rellenan las superficies interiores y la técnica del dibujo y del grabado, delimitando los contornos de las figuras.
Pero "las colonias de microorganismos están atacando las pinturas y destruyendo ese importante patrimonio cultural de toda la humanidad", reitera Damborenea.
Y es que si las bacterias siguieran aumentando se llegaría a un punto en el que la situación sería catastrófica.
Sin embargo, Arias insiste en que "no se sabe cuál era el estado de la cueva cuando se descubrió por lo que resulta difícil establecer los valores ideales para su conservación".
"No sería una temeridad dejar entrar a un pequeño número de visitantes y ver cómo reaccionan las pinturas", opina.
La última palabra sobre la reapertura la tiene un grupo internacional de expertos que está valorando si las condiciones de máxima accesibilidad garantizan a su vez la sostenibilidad de la cueva.
Hasta entonces, los bisontes tendrán que esperar para volver a ver la luz.