sábado, 9 de octubre de 2010

Mario Vargas Llosa: un personaje para destacar más allá de sus libros. Vea Fotos


Según los años: el periodista, el escritor, el político, el cineasta, el actor, el hincha de fútbol, el fanático de la serie “24”, el admirador de la trilogía “Millenium”, el Premio Nobel 2010. La agenda del peruano está recargada de diversas facetas

Tan inalcanzable como el peldaño más alto del podio del Premio Nobel, pero tan cercano como otro fiel seguidor del agente Jack Bauer, prendido de la TV como cualquier otro mortal.
A sus 74 años, Mario Vargas Llosa ha sido reconocido con el máximo galardón literario, pero de eso ya se dijo mucho. Y aunque las líneas de tiempo recordarán siempre esta fecha, el peruano es más que esta distinción. Su trayectoria artística, profesional y personal trasciende los libros y las máquinas de escribir. Lo muestra como alguien inmerso en una constante exploración del arte y del ser humano.
MVLL a los 20’s
Un joven Vargas Llosa, que ya había pasado por la redacción de “La Crónica” en Lima y “La Industria” en Piura- y ya casado desde los 18 años con su tía Julia Urquidi en una ceremonia clandestina en Chincha-, se distingue como estudiante de literatura en la UNMSM.
¿Estaba loco? En todo caso más lunático por amor estaba cuando realizó hasta siete trabajos simultáneos para subsistir, entre ellos, oficios tan disímiles como redactor de noticias en Radio Central (ahora Radio Panamericana) y registrador de tumbas –catalogaba los nombres- en el Cementerio General.
A los 23 publica su primer libro, el conjunto de relatos “Los jefes” (1959), durante su estancia en Madrid. Luego se traslada a París, y trabaja, entre otras cosas, como profesor de español y periodista. A los 26 publica “La ciudad y los perros” (1962). Los premios empiezan a llegar, pero su relación con su esposa se termina por resquebrajar y se divorcia a los 28, 10 años después. Pero su vida amorosa no llegaba a su fin, ya que un año después se casó con Patricia Llosa, su prima hermana.
MVLL a los 30’s
Otra de sus grandes obras, “La casa verde” (1966) llega cuando cumple 30. A los 31 conoció a dos maestros de la literatura latinoamericana y universal: a Cortázar, como traductor de la UNESCO en Grecia; y a García Márquez. El ‘boom’ latinoamericano que encabezaron los tres, junto al mexicano Carlos Fuentes, entre otros, ya había nacido.
A los 35 años, Vargas Llosa estrena su faceta en el séptimo arte como director y actor. Junto a José María Gutiérrez Santos, el escritor codirigió la versión cinematográfica de “Pantaleón y las visitadoras” (1973) en República Dominicana (ver fotos de la filmación).
Sobre esto, el mismo escritor recordó, más de 30 años después y ante las risas del público, su repentina incursión en la pantalla grande. “Me llamaron para ser director y yo dije ‘Usted está loco’. Mi única experiencia con el mundo visual era haberle pedido a un amigo fotógrafo que me diera su pase para entrar a una corrida de toros con la promesa de tomar las fotos para la revista. Casi todas se velaron”. Él aceptó “para ver cómo era eso” y le dieron un manual cinematográfico que “estudiaba por las noches y practicaba con actores de verdad” en un filme de verdad.
MVLL a los 40’s
Uno de los momentos más mediáticos y misteriosos de su vida personal se da cuando el escritor cumplió cuatro décadas de existencia: la famosa pelea con Gabo. Ninguno de los autores ha querido dar su versión sobre lo acontecido, pero dos rumores son los más sonados: un puñetazo de MVLL al colombiano por querer aprovecharse de la esposa del peruano y una evidente diferencia ideológica (el primero convertido al neoliberalismo, el segundo, apegado a los regímenes de izquierda). Otra versión más curiosa –y divertida- contó un catedrático español en “La Nueva España”.
A los 41 años publicó “La tía Julia y el escribidor” (1977); y a los 45, “La guerra del fin del mundo” (1981). Ese mismo año estrenó su programa televisivo “La Torres de Babel”, por Panamericana Televisión. Un episodio para recordar fue su entrevista a Jorge Luis Borges.
El Vargas Llosa amante del fútbol resaltó con el artículo que escribió en 1982 sobre Diego Armando Maradona, de quien se declaró admirador: “Un jugador que torna un partido en una exhibición de genio individual”, escribió.
Cuando tenía 47 años, su vida periodística empezó a mezclarse con la política cuando preside la Comisión de Investigación del conocido caso Uchuraccay, que concluye que los mismos pobladores asesinaron a ocho periodistas, al confundirlos con senderistas.
MVLL a los 50’s
Entonces se produce el mitin en contra de la estatización, medida tomada durante el primer gobierno de Alan García. Él tenía 51 años y ya se perfilaba como opositor del régimen y candidato a ser el reemplazo del líder aprista.
Es así que funda el Movimiento Libertad y se une con Acción Popular (AP) y el Partido Popular Cristiano (PPC) para formar el Frente Democrático (FREDEMO). Así inicia el medio siglo de vida: la política había eclipsado a la literatura. Los avatares de esa frustrada candidatura fueron retratados en “El pez en el agua” (1993).
Esa parte de la historia es harto conocida: su oposición al entonces presidente Alberto Fujimori y su traslado a Madrid, donde pide y se le da la nacionalidad española a los 57 años. Pero nunca renunció a la peruana. Así se defendió unos años después: “Jamás he renunciado a mi nacionalidad peruana, la he enriquecido añadiéndole la española hace algunos años cuando el régimen autoritario que padece el Perú, más concretamente los militares felones que habían destruido la democracia peruana amenazaron con privarme de mi nacionalidad”. Sus aspiraciones políticas habían llegado a su fin –él mismo las recuerda como “una mala experiencia”- pero su carrera literaria continuó siendo una mina de oro.
MVLL a los 60’s
Alejado de la política, se sumerge nuevamente en el mundo literario. Cumplidos los 60 años, Vargas Llosa recibió el Premio Cervantes. A los 64 años publicó “La fiesta del chivo” (2000). A los 66, “Los cuadernos de don Rigoberto”. A los 69, “El paraíso en la otra esquina” (2003).
MVLL a los 70’s
Inició las siete décadas publicando la novela “Travesuras de las niñas malas” (2006). Pero su actividad artística dio un paso más allá, otro peldaño, y a los 70 años se atrevió a incursionar en el teatro. Era 2006 y el escritor presentó la obra “La verdad de las mentiras” (2006) junto a Vanessa Saba. Meses antes lo había hecho al lado de Aitana Sánchez-Gijón en México y España (ver fotos).
Y sorprendió más con dos columnas que lo hicieron aún más mortal que su admiración por Maradona: primero al declararse fan de nada menos que del agente Jack Bauer, el protagonista de la serie “24”, y luego al confesar su admiración por la trilogía “Millenium”, la saga de Stieg Larsson que es un ‘boom’ en ventas en todo el mundo.
Tras contar que le regalaron la serie de TV y aseguró que difícilmente la vería, confesó que terminó viendo de principio a fin las cinco temporadas que se habían dado hasta ese momento. En la columna retrató su admiración: “El agente federal Jack Bauer no come, ni bebe, ni duerme, porque esas funciones orgánicas le harían perder tiempo”.
Sobre “Millenium”, el escritor comentó en El País, en 2009: “Acabo de pasar unas semanas, con todas mis defensas críticas de lector arrasadas por la fuerza ciclónica de una historia, leyendo los tres voluminosos tomos de Millennium, unas 2.100 páginas, la trilogía de Stieg Larsson, con la felicidad y la excitación febril con que de niño y adolescente leí la serie de Dumas sobre los mosqueteros o las novelas de Dickens y de Victor Hugo, preguntándome a cada vuelta de página “¿Y ahora qué, qué va a pasar?”.
Y mientras se exaltaba en su mundo con la TV y la narrativa, también volvía a la esfera pública al presidir la Comisión del Lugar de la Memoria, el museo por las víctimas de la violencia política de las últimas décadas en el Perú. Un cargo al que renunció este mismo año a raíz del polémico Decreto legislativo 1097. Otra entrada y salida poco duradera de la vida política.
Próximo a publicar su última novela, “El sueño del Celta”, Mario Vargas Llosa, a sus 74 años, ha sido galardonado con el máximo premio a la carrera literaria, el Nobel. Debería recibir una distinción más en reconocimiento a toda su actividad artística, tan variada, tan prolija, tan aparentemente inalcanzable, pero noble y humana.