sábado, 21 de agosto de 2010

Las "Mata Haris" en la historia Vea Videos



Hace unas semanas el FBI desbarató una red de espionaje ruso que operaba en Nueva York. Junto a Vicky Peláez y Juan Lázaro estaba una joven empresaria, Anna Chapman, a quien los medios bautizaron como la “Mata Hari rusa”. Pero, ¿quién fue la original Mata Hari y quiénes sus imitadoras a lo largo de la historia?
Madre de todas las espías
Su verdadero nombre era Margaretha Gertruida Zelle. Nació en Holanda el 7 de agosto de 1876. Esta exótica morena, admiradora de los militares, se casó a los 18 años con el capitán Rudolf McLeod, de 39 años. Su vida tomó un rumbo inesperado cuando MacLeod fue destacado a las islas de Java, bajo dominio holandés. Allí aprendió lo que le daría fortuna: las danzas exóticas.
Para 1902 su matrimonio ya había fracasado y se mudó a París donde comenzó una carrera como bailarina. Adoptó el nombre de Mata Hari, que significa “Ojo del día". La fama de bailarina y amante de hombres uniformados la convirtieron en el centro de atención de la sociedad europea.

Su debut ocurriría a comienzos de la Primera Guerra Mundial. En ese instante, ella se encontraba en Berlín y era la amante del jefe de espionaje alemán, quien le propuso ser espía a cambio de dinero. Dejó de ser Mata Hari para convertirse en la agente H-21.



La misión era obtener información de los militares franceses, para lo cual requería utilizar sus atributos personales. Sin embargo, llevada por una desmedida ambición, Mata Hari traicionó a los alemanes y se convirtió en agente de los franceses, asumiendo justamente su nombre artístico.
La doble agente vivió rodeada de lujos, que logró con la venta de secretos militares a ambos bandos. Pero los espías franceses descubrieron la farsa en 1917. Mata Hari, de 41 años, fue acusada de alta traición y fusilada el 15 de octubre de ese año. Su cuerpo no fue reclamado y terminó en las manos de los estudiantes de medicina, y su cabeza fue embalsamada para exhibirse en el Museo de Criminales de Francia, hasta que fue robada en 1958.
Peruana despista a los nazis

Durante más de 60 años, la historia de Elvira Concepción Josefina Chaudoir permaneció celosamente guardada en los archivos de inteligencia británicos. En setiembre de 2005, el expediente de Elvira fue desclasificado y pudo conocerse el importante papel que desarrolló durante la Segunda Guerra Mundial.
Noviembre 1965. Elvira (der) acompañada de una amiga no identificada.
La bella joven era hija de un diplomático peruano, de apellido De la Fuente, quien estaba destacado en Francia. Al estallar la guerra, Elvira, quien ya se había divorciado del belga Jean Chaudoir, se mudó a Londres por consejo de sus padres, para así mantenerse lejos del conflicto. De lo que no quiso alejarse fue de la vida nocturna. Elvira derrochaba encanto y dinero en las fiestas y los casinos más lujosos de la ciudad londinense.
La naturalidad con la que se movía entre los círculos más aristocráticos de la sociedad europea hizo que el Servicio Secreto Británico, MI-5, le ofreciera ser espía por un sueldo que la ayudaría a mantener su estilo de vida. Al poco tiempo, el MI-5 la tachó debido a que habría divulgado su nuevo oficio entre sus amistades.
Pero en 1942, Hermann Goering, agente de la SS alemana, se contactó con Chaudoir y le ofreció trabajar para ellos con un sueldo de 100 libras esterlinas. El agente Biel, como era conocido Goering, le enseñó los conocimientos básicos del espionaje, entre ellos escribir cartas con tinta invisible.
Los alemanes estaban interesados en obtener información política y económica. Para tal fin, Elvira debía utilizar sus contactos en los exclusivos círculos británicos. Desde un principio dejó en claro que no tenía lealtad ideológica con los nazis.
Una vez en Londres, se presentó con esta historia ante el MI-5, que la reclutó y ofreció un sueldo mayor. Desde ese momento se convirtió en una agente que respondería a los nombres de Bronx, Eva, Cyril o Elise Dubois. El MI-5 le dio un nuevo departamento con las líneas intervenidas.
Todos sus movimientos estaban registrados, pues los ingleses no confiaban en ella. Sin embargo, ella entregó información de finanzas y algunos chismes políticos que le sirvieron para ganar la confianza de la SS alemana.
Pero el momento decisivo le llegó en febrero de 1944, pues pasó a formar parte del Plan de Desinformación Ironside, que consistía en dar datos falsos al enemigo sobre el lugar del desembarco aliado. Los alemanes confiaron ciegamente en los telegramas enviados por la agente, donde indicó como el lugar de la invasión, el Golfo de Vizcaya (Francia).

A sus 32 años, la agente envió a la división Panzer hacia la región de Burdeos, con lo que permitió el éxito del desembarco a Normandía. Sin embargo, no estaba consciente del logro alcanzado, ya que su mente estaba concentrada en pagar las deudas acumuladas en casinos como el Hamilton Club, donde debía 1.000 libras esterlinas.
El expediente desclasificado registra sus actividades como doble espía hasta diciembre de 1945. Elvira se retiró de la vida pública y terminó sus días en un pueblo de la Costa Azul de Francia.
Melena Roja
La historia de Anna Chapman se desarrolla en un contexto distinto, sin guerras ni fusilamientos de por medio. Esta bella pelirroja, hija del ex agente de la KGB Vasily Kushchenko, llegó a Estados Unidos en febrero de este año, luego de divorciarse.
Anna, de 28 años, estudió una maestría en Economía y formó una empresa llamada "Time Venture", especializada en tecnología e Internet, lo que le sirvió de fachada para desenvolverse con naturalidad en el mundo de los negocios.


El FBI la acusó de transmitir información sobre el gobierno americano a un funcionario ruso. Esta espía del siglo XXI, de medidas perfectas y ojos verdes, se declaró culpable porque no soportaba el encierro y fue deportada a su país donde sigue haciendo noticia. Desde que explotó el escándalo, la prensa internacional la bautizó como la Mata Hari rusa y Melena Roja.
Las fotos que han dado la vuelta al mundo se obtuvieron de su perfil en Facebook. En la era de las redes sociales, ni los espías son ajenos a la vanidad. Chapman planea vender su historia a la revista Playboy por 250 mil dólares. Una película y un libro serían sus siguientes pasos para ganar dinero, tras quedarse sin sus negocios… Cosa de espías.

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