domingo, 6 de junio de 2010

Conozca cómo pasó el libertador San Martín sus días en el Perú


Conozca cómo pasó el libertador San Martín sus días en el Perú
Bernardo O’Higgins y el Marqués de Torre Tagle también fueron claves para la primera etapa de nuestra independencia
Solo dos años permaneció San Martín en el Perú, entre fines de 1820 y setiembre de 1822. En este corto tiempo instauró un régimen intenso que dividió nuestra historia en un antes y un después. Un gobierno que se inició con el júbilo de la proclamación de la independencia, con el pueblo de Lima volcado en la Plaza de Armas, y meses después terminó abrumado por las dudas en torno al destino del país, con un ejército realista atrincherado en la sierra sur. Un período marcado, sobre todo, por la actuación de cuatro hombres: el propio San Martín, Bernardo O’Higgins y Torre Tagle, y en la sombra (una suerte de poder detrás del trono), Bernardo Monteagudo, el mulato tucumano que hizo y deshizo en los catorce meses que duró el Protectorado de San Martín en el Perú.
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Los nombres de Bernardo O’Higgins y José de Torre Tagle estuvieron unidos desde jóvenes. Siguiendo la tradición de la élite chilena, O’Higgins, como hijo natural del virrey del Perú, don Ambrosio O’Higgins, fue enviado a estudiar a Lima, al prestigioso Convictorio de San Carlos. Allí conoció a Torre Tagle y ambos fueron nutridos con las ideas libertarias de Faustino Sánchez Carrión y de José Baquíjano y Carrillo. Mientras O’Higgins partió a Londres, Torre Tagle se vinculó con la corona española, fue designado IV Marqués, y en 1819, como funcionario real, fue nombrado intendente de Trujillo.
Por eso, cuando San Martín le preguntó a O’Higgins por un aliado en el Perú, este no dudó en dar el nombre de Torre Tagle. En un gesto de agradecimiento, el marqués declaró desde Trujillo, la independencia del norte peruano, y se pasó al bando patriota. La fecha: 29 de diciembre de 1820.
Así las cosas, San Martín —ya en el Perú— se ganó a la élite limeña a la causa independentista. En Lima expuso rápidamente su idea de instaurar en el Perú una monarquía constitucional, con un príncipe europeo a la cabeza. ¿Por qué buscaba San Martín hacer en el Perú lo que no había intentado ni en Argentina ni en Chile? La historiadora Scarlett O’Phelan explica que buscaba de esta manera no romper violentamente con los usos y costumbres de una clase dirigente limeña nobiliaria y aristocrática. “Aquí estaba el corazón de la aristocracia, ese grupo importante de titulados, criollos, que descendían de familias de abolengo, y para contar con el apoyo de ellos, y no hacer una ruptura violenta, propone la monarquía constitucional”, dice la historiadora. Sin embargo, las cosas se irían dando de otro modo.
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Entre julio de 1821 y los primeros meses de 1822 la ilusión por la independencia se fue diluyendo. ¿Qué había pasado? “La independencia —responde O’Phelan— no fue un proceso inmediato, sino tuvo marchas y contramarchas. Y si en un principio hubo grandes expectativas, estas fueron decayendo, porque San Martín no previó hasta qué punto este sector emblemático del sistema colonial (la aristocracia) estaba dispuesto a romper totalmente con España. Pensemos que alguien como O’Higgins decía que aborrecía a la nobleza, algo que no sucedía con Torre Tagle, quien era hijo de esta nobleza”.
Por eso los más convencidos con la independencia eran los carolinos, quienes, sin embargo, discrepaban con José de San Martín sobre el tema de la monarquía constitucional. Ellos apostaban por la república.
El ejemplo más notable fue Faustino Sánchez Carrión, quien en varios discursos llegó a decir que la elección estaba entre continuar siendo vasallos o empezar a ser ciudadanos.
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Pero San Martín tuvo otra piedra en el zapato durante su estancia en el Perú: su ministro de Guerra y Relaciones Exteriores Bernardo Monteagudo. Nacido en Tucumán, era un abogado mulato de acendrada estirpe libertaria, que había participado en uno de los primeros gritos contra el régimen colonial en Chuquisaca, en 1809. Conoció a San Martín en las campañas de Buenos Aires y marchó con él a Chile y en el Perú se convirtió en pieza clave del Protectorado. Scarlett O’Phelan lo describe como una persona de ideas radicales y de modales no muy finos. El viajero escocés Basil Hall, de paso por Lima, no dudó en calificarlo como “un enemigo acérrimo de toda la raza española”.
Monteagudo emprendió entonces una feroz campaña contra los peninsulares (españoles en Lima), más aun cuando corría el rumor de que en cualquier momento el virrey La Serna atacaría la ciudad. En ese clima de confusión, familias enteras fueron expulsadas del Perú. Se les confiscó sus bienes, a pesar de que muchos de los deportados habían vivido décadas aquí y tenían hijos y nietos criollos. Todo esto terminó por desanimar a buena parte de la nobleza limeña respecto de la independencia.
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Cuando San Martín se reúne en Guayaquil con Bolívar (26 y 27 de julio de 1822), su situación en el Perú ya era precaria (la Sociedad Patriótica había rechazado su proyecto de monarquía constitucional). La historiadora Scarlett O’Phelan destaca, sin embargo, que su proyecto monárquico sirvió para explorar las condiciones políticas y sociales en el Perú, y aunque la independencia estaba inconclusa, el terreno había quedado preparado para la llegada de Bolívar. Lo que hablaron en Guayaquil los dos libertadores es uno de los grandes misterios de nuestra historia. Pero cuando retorna a Lima, San Martín decreta tres medidas: convoca a un congreso constituyente, renuncia al Protectorado y llama a elecciones. En setiembre de 1822 se marcha del Perú para no volver más. Antes había oficiado una misa en honor a Santa Rosa, su santa patrona.


fuente el comercio