miércoles, 26 de mayo de 2010

Se publican las enigmáticas memorias de Mark Twain



El célebre escritor quiso que su autobiografía permaneciera oculta hasta un siglo después de su muerte



Uno de los secretos mejor guardados de la historia de la literatura universal está a punto de conocerse. Se cumplen cien años desde la muerte del célebre novelista estadounidense Mark Twain y, según su testamento, es el momento de dar a conocer los documentos originales de su autobiografía que con tanto recelo escribió durante los últimos años de su vida, con detalles reveladores.
Twain, cuyo nombre original era Samuel Langhorne Clemens, nació en una pequeña aldea de Florida, un 30 de noviembre de 1.835. A los doce años, tras la muerte de su padre, descubrió el mundo editorial trabajando como aprendiz de imprenta y no tardó mucho en publicar sus primeros relatos. Entre sus obras maestras destacan Las aventuras de Tom Sawyer y Huckleberry Finn. Pero su faceta creativa iba más allá de la novela y pronto se convirtió en uno de los humoristas más destacados de la época aportando numerosas citas, que aún resuenan en nuestros días.
La originalidad de Mark Twain no se quedó ahí; realizó una curiosa inversión para perpetuar su fama en el tiempo. Poco antes de morir el 21 de abril de 1910 (fecha que curiosamente había vaticinado equivocándose tan sólo por unas horas), quiso que sus memorias permanecieran custodiadas en una bóveda de la Universidad de Berkeley en California y solicitó que no se publicaran hasta cien años después de su fallecimiento. Tras un siglo de larga espera, responsables de la Universidad de Brekeley han declarado que la obra saldrá a la luz el próximo mes de noviembre, anticipando que se trata de una afía amplia, franca y reveladora de más de cinco mil páginas.
Entre las razones que se barajan para que Twain quisiera mentener en secreto el relato de su vida durante tanto tiempo, los estudiosos están divididos. Algunos argumentan que de esta forma el autor podría hablar, sin ningún tipo de censura, sobre temas políticos y religiosos. Otros aluden a su intensa y controvertida personal y el deseo de Twain de no hacer daño a sus amigos. Parece que ambos grupos tenían razón, ya que, según se ha podido conocer, en la autobiografía queda patente sus dudas sobre la existencia de Dios, y sus críticas a la misión imperial de los Estados Unidos en Cuba, Puerto Rico y Filipinas y al presidente Roosevelt. Al mismo tiempo, una parte de su manuscrito detallará la relación poco conocida que mantuvo con Isabel Van Kleek Lyon, la que fuera su secretaria después de la muerte de su esposa Olivia y a la que regaló un juguete vibrador sexual.
La única hija de Twain murió en 1962 y su nieta Nina se suicidó en 1966. A falta de descendientes, los beneficios de la publicación irán a parar a los museos y bibliotecas que conservan su legado.
 
 
FUENTE : ABC