domingo, 16 de mayo de 2010

El "otro" Combate del 2 de Mayo, según España


Campaña de desinformación. El triunfo peruano en el Combate del 2 de Mayo selló la independencia continental. Pero a España le costó reconocer la derrota y en Europa circuló una versión pretendiendo adjudicarse la victoria




La defensa. El pueblo de Lima y del Callao se movilizó para defenderse del ataque español.
Mariano Ignacio Prado (Huánuco, 1826-París, 1901), jefe supremo del Perú y presidente provisional, ingresó triunfalmente a Lima el 13 de mayo de 1866. Lo hizo en medio de ovaciones por la victoria en el Combate del 2 de Mayo. El hecho fue consignado en la edición del 1 de junio del diario “The New York Times”, en Estados Unidos.
Celebración continental

Los aliados del Perú celebraron la jornada del 2 de mayo como un gran triunfo. El canciller de Chile, Álvaro Covarrubias Ortúzar (Santiago, 1824-1899) transmitió al canciller Toribio Pacheco y Rivero (Arequipa, 1828-Lima, 1868) la gran alegría chilena por la victoria peruana en la guerra hispano-sudamericana.
La otra historia
A una semana del éxito peruano, el 9 de mayo, el comandante en jefe de la escuadra española Casto Méndez Núñez (1824-1869) dirigió al decano del cuerpo diplomático en Lima una misiva vanagloriándose de haber castigado con sus fuerzas navales al Gobierno Peruano con el “bombardeo del Callao”, y agregaba que “si el gobierno de la república ejecuta o tolera tropelías contra los súbditos españoles en ella residentes, las fuerzas navales de Su Majestad Católica vendrán otra vez a esta agua para vengarlas”.
Resistencia a la derrota

Estados Unidos recibió como propia la victoria peruana en el Callao. Así lo hizo saber Federico Barreda, ministro plenipotenciario del Perú en Washington D.C., al canciller Toribio Pacheco. Denunció, además, que los españoles presentaban como triunfo su derrota y anexó la Gaceta Oficial de “La Habana”, del 5 de junio que decía: “Habiendo la escuadra de Su Majestad Católica castigado el insulto hecho al pabellón español por las repúblicas de Chile y del Perú, que motivó el bombardeo de Valparaíso y el glorioso combate del Callao, ha sido retirada del Pacífico y el Gobierno Supremo ha concentrado las fuerzas en cierto lugar donde deberán encontrarse y en el que el almirante recibirá nuevas instrucciones”.
Campaña desinformativa
Agentes españoles lograron que la agencia telegráfica y de correspondencia “Havas Bullier” hiciera publicar, el 12 de junio, un despacho de similar contenido en un número considerable de diarios europeos de gran circulación. El diario “La Patrie“ proclamó “que la escuadra española victoriosa cesó el fuego al grito de “Viva la Reina”. Francisco de Rivero, ministro plenipotenciario del Perú en Francia y Gran Bretaña, desmintió oficialmente tal información y publicó una enérgica rectificación en la prensa europea.
Aparentes críticas hispanas
Pedro De Novo y Colson (1846-1931) fue un historiador, poeta y marino español, autor de “Historia de la Guerra de España en el Pacífico” (1882). Contemporáneo de los integrantes de la escuadra de su país, fue un agudo crítico de la actuación hispana en el Pacífico. Censuró que el almirante Pinzón, en agresión “injustificada y arbitraria”, se hubiera apoderado de las islas de Chincha, sin autorización de su gobierno, y calificó de “loco” al agente español Eusebio Salazar y Mazarredo. Sin embargo se pregunta: “¿Pero de quién fue la victoria?”
De Novo y Colson destaca la valentía de la marina española, en condiciones inferiores de combate. Dice que la escuadra española —compuesta de naves de madera a excepción de la blindada Numancia—, no contaba con un solo cañón de gran calibre para enfrentar a los doce cañones Armstrong, “de monstruoso y extraordinario alcance”, del Perú, que podían atravesar una nave blindada con planchas de 19 centímetros (la nave blindada Numancia tenía planchas de apenas 13 centímetros). Y, sin embargo, las bajas de la escuadra española fueron, según él, una décima parte de las peruanas.
Las justificaciones
Con excepción de la Numancia —sostiene ese autor— los españoles se batieron en pésimas condiciones: los muros de madera de las naves fueron traspasados por las balas sin dificultad. Las fuerzas del Perú quedaron reducidas a una décima parte de lo que fueron al comenzar el combate mientras las españolas continuaron con el mismo número de buques. Las fragatas españolas, después de cinco horas de fuego a cortísima distancia de los fuertes de tierra con sus poderosos cañones, pudieron darse a la vela ocho días después, todas unidas, para atravesar 3.000 leguas de océano.
Jactancia peruana
Según De Novo y Colson, el retiro de la escuadra española antes de apagar totalmente los fuegos enemigos permitió que en el Perú se jactasen por la victoria porque habían hecho retirar maltrechos a los buques. El autor justifica que los españoles no repitieran el ataque para confirmar su victoria.
Según él, había una gran razón: la escasez de municiones de la escuadra tras el combate. Pero, luego, él mismo se contradice y afirma que “aún cuando la escuadra hubiese dispuesto de suficientes municiones, un segundo combate habría revestido peligros tan grandes como el primero, agujereados sus cascos, hambrientas y desfallecidas sus tripulaciones, invadidas por el terrible escorbuto, sin víveres casi, sin pertrechos, disponíanse para atravesar 3.000 leguas de océano, navegación que por sí sola constituía una larga campaña”. Concluye que los peruanos no pudieron negar el valor desplegado por la escuadra española ni los españoles pudieron dejar de reconocer la bravura que mostraron los defensores del Callao.
Ridícula versión
En carta al canciller Toribio Pacheco, Federico Barreda hizo hincapié en que la circular del comandante español Méndez Núñez, que trató de convertir la batalla del 2 de mayo en triunfo español, solo sirvió para provocar la burla.
Para aumentar el ridículo de esa tragedia, la legación de España en Washington D.C. hizo publicar la noticia de que las naves de la escuadra española quedaron averiadas por una tormenta, “en un país donde todo el mundo sabe que no hay tempestades en las costas”.



fuente : el comercio