jueves, 22 de abril de 2010

LOS PROFESORES YA NO DEJAN HUELLA


La presencia significativa de los amigos y de la madre es dominante en los adolescentes, mientras que la de los profesores no existe.
¿Si los jóvenes son indiferentes a la influencia de sus profesores, ¿pueden estos ser educados en valores en los colegios?
Sabemos que para alumnos tengan fuertes vínculos afectivos y de identificación con los profesores, porque solo entonces les importara sus mensajes y asumirán en sus vidas las huellas que dejaron en ellos. Al parecer, los alumnos se vuelven cada vez más impermeables a la influencia de sus profesores. Un psicólogo peruano estudio el tema en Israel que puede servirnos de referencia. El doctor Moisés Tatar aplico a 360 adolescentes israelíes de 12 y 15 años de ambos sexos y a 395 adultos de mediana edad, a quienes pidió evocaran experiencias de su adolescencia (Journal of Adolescente, 1998).
Los resultados mostraron que el 72% de los adolescentes y el 70% de los adultos señalaron a uno de sus padres como el familiar mas significativo en sus vidas adolescentes (la madre recibió el doble de elecciones que el padre). En todos los casos las relaciones dominantes eran las de las hijas con las madres y de los hijos con los padres, lo que refleja la importancia que tiene para los adolescentes las relaciones padre-hijo del mismo sexo para reforzar su seguridad y autoestima.
En cuanto a las personas fuera del ámbito familiar, Tatar encontró que de lejos quienes mas influyen son los amigos (mas del 70% en todos los casos), especialmente los del mismo sexo, seguido de los padres, y quienes menos influyen son los profesores. La presencia de los profesores como personajes significativos solo fue señalada por el 6% de los jóvenes y el 23% de los adultos que evocaban su adolescencia, lo que parece sugerir la existencia de unas grandes indiferencias de los jóvenes hacia sus vínculos con los profesores.
Al buscar la explicación sobre porque estas diversas personas dejan huella en los adolescentes, las encuestas permitieron identificar dos razones principales. Una, que creían en ellos (90%). La otra, que les exigían o desafiaban (82%). Es decir, esa conocida combinación de confianza y exigencia que todos necesitamos y exigencia que todos necesitamos para resolver problemas y alcanzar metas elevadas en la vida, que jamás vamos a encontrar en aquellos vínculos que nos resultan indiferentes.
Moisés Tatar quiso entender porque los profesores dejan tan pocas huellas en la vida de los jóvenes, por lo que hizo un estudio adicional sobre las percepciones que tienen los adolescentes respecto a los profesores. Encontró que las alumnas apreciaban más a los profesores que los alumnos.
Ellas aducían que las ayudaban en su aprendizaje y en las relaciones interpersonales, mientras que ellos mayoritariamente criticaban a sus profesores por molestarlos y ser un obstáculo para su desarrollo personal. Esto refleja las sensibilidades tan distintas que tienen los jóvenes de cada sexo en su relación con los adultos. Explica además la situación tan común en los años superiores secundaria en los que los profesores de ambos sexos tienen mejores relaciones con las alumnas que con los alumnos, los cuales suelen tener mayores problemas de indisciplina por rebeldía o agresión.
Si bien el contexto sociocultural peruano e diferente al israelí, muchos lectores peruanos de este estudio han reconocido notorias similitudes con la realidad de los adolescentes urbanos peruanos, en los cuales la presencia significativa de los amigos y de la madre es dominante, mientras que la de los profesores casi no existe. Si es así y si queremos que los egresados de los colegios peruanos sean mentalmente sanos y buenas personas, necesitamos priorizar la reforma del currículo, el acceso de los jóvenes a la tecnología, o formar intensivamente a los profesores para que sean capaces de creer en los jóvenes y convertirse en figuras significativas en sus vidas